SUEÑO 7117 (109)
Era una gran casona, la gente corría
de un lado hacia otro, buscaban trajes de muselina y seda fina, en esto vi a mi
prima ¡jajaja!, todo rima.
Una fiesta se preparaba, pero no fui
invitada; era un matrimonio y ahí estaban toda mi familia de Zapatoca, algunos
me veían, otros me ignoraban aun viéndome; pero nada me importaba, estaban ahí
en mi pequeña historia y tenían demasiada prisa, jamás pude anudar el cintillo
en mi cabello muy negro, parecía otra época siendo ésta o la que sigue, pero la
chicha y el maíz estaban servidos, las bandejas llenas y los vestidos
brillantes con todas sus arandelas.
Vi a una anciana bajar la montaña,
era una gran res muy fina que arriaban, pero ella se dejaba ir cuesta abajo sin
resbalar siquiera, tenía el lomo rosa y la trompa blanca...
Jamás había visto una vaca de color
rosa y la trompa blanca, parecía un peluche y su dueña era una mujer conocida
que falleció hace poco, se veía feliz como una cabrita suelta, y en esto
aparecí de nuevo en la fiesta, no sabía qué colocarme, nada encajaba, ni
siquiera yo, en un lugar lleno de ruidos y rumores.
Del otro lado escuché carcajadas y
pensé: Ríen de mí, ¿qué razón tienen para ello?, y empecé a volar, a dar saltos
tan grandes que parecía una gacela y me junté con la vaca y la anciana, ella me
dijo que ya nada le dolía, que era feliz con su nuevo estado porque podría
transformarse en lo que deseara y regresar en sueños a casa, ver a su muchacho
y a todos los que lo rodeaban, acariciaba su cabello, besaba su frente, y otra
vez se alejaba volando por sobre las montañas, detrás de la vaca rosada...
La vieja Hipocrasia fue invitada,
¿para qué invitarían a esa vieja chismosa a semejante fiesta?, luego dirá que
vine por sus cosas, ¡qué fea risa!, se escuchaba como el chillido de una hiena,
y desperté...
Mi aurora está fresca y el amor todo lo
renueva.
Raquel Rueda Bohórquez
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