sábado, 14 de enero de 2017

SER FAMILIA (61)

Mis hijos

SER FAMILIA (61)

Ser familia es una palabra sagrada que cada día olvidamos, porque vivimos pensando más en beneficio propio que en el de los demás.

Grande le queda la palabra al hombre que desbocado anda, pero no sabe que Dios escudriña hasta debajo de las rocas, y a cada quien le da el regalo que merece.

¿Qué regalo merezco?, ¡no será una patada en el trasero!, pero si acaso me la das Señor mío, que sea para arrancar, jamás para devolver los pasos que ya he caminado.

“Mi familia”, se nos hincha la boca diciéndolo, pregonando que somos los mejores padres y que damos a nuestros hijos lo que necesitan, si estamos afanados siempre por vivir la vida a nuestro antojo, hacer lo que deseamos, y en esto, los hijos se crecieron sin un abrazo filial y con muchas carencias, iniciaron temprano por batir sus alas y aprender a volar con la ayuda del viento.

La familia es lo más sagrado que tenemos, ¿por qué razón no apreciamos el tesoro que la providencia colocó en nuestras manos?, somos malos administradores, socios tramposos que sólo buscan su provecho pisoteando a otros en el camino, y jamás volvimos a orar en grupo, los pellizcos a los niños alejaron esa felicidad, y le salieron los pelos de macho al varón sin ese cariño necesario.

Casi que la calle se roba al potrillo, y las niñas casi olvidan los valores inculcados. ¡Gracias madre por estar ahí siempre!, ¡gracias tíos!, ¡gracias primos que fueron!, esto es la familia, pero nos alejamos lentamente, sentimos pena por el apellido, no hubo paseo ni fotografías que recuerden que la familia somos todos, que se nos otorgó la gracia de un padre y una madre hasta nuestra adultez, pero que por andar pajareando y buscando parranda, dejamos de lado la obligación.

Pero ya nada puede volver al sendero, lo que fue no se puede borrar y toca mejorar, ahora que los pies están cansados, las rodillas ruegan, y la vejez nos sorprende con otros niños en otras veredas, muy parecidos a los nuestros.

¡Qué hermosos ojos tiene!, se parece a la abuela, se parece a Verónica, pero gracias a Dios porque jamás me falló su amor, siempre estuvo ahí como una luz en mis mañanas tocando lo frágil de la existencia, siempre hallé en la noche una cobija dulce y bordada de estrellas para descansar las veces, en que agotada, no podía cerrar los ojos, ni sabía de qué manera hacerlo.

Se crecieron mis aves, ¡qué bellas son!,

Danzan en la mañana
Y el árbol inmenso nos cobija
Con su canción.

Raquel Rueda Bohórquez

Barranquilla 14 01 17

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