
SUEÑO 090117 (104)
Un gallo sólo da la espalda por amor, y no lo comprende,
Pero el hombre se deja llevar por el fuego de sus vicios.
Hora de dormir y recordé los milagros
de María; mucha fe hacia la madre de Dios, sin importar lo que otros piensen o
censuren, a pesar de tener tantas energías negativas en alguna época,
rechazando el rosario por una fuerza que me dominaba, a pesar de todo, llegaba
a orar con mi madre.
En algunas ocasiones no hablaba nada,
pero mentalmente repetía las oraciones. Así, ésta noche pedí a mi madre ayuda,
ella sabe las cosas, ¿es bueno vivir con alguien que nos desprecia?, su celular
está lleno de inquietud, un día la zancona rana platanera, otro día la Cascarón,
luego el otro cascarón, y así mensajes pidiendo teléfonos para encontrar al
amor de su vida, las prostitutas, y pare de contar, ¿hasta cuándo tenemos que
soportar, pensando que Dios nos castigará si reventamos una cadena de amor
inexistente?
Pero luego viene la frase: “hasta que
la muerte los separe”, me parece lo más pervertido que han inventado; la verdad,
a veces dudo de que fuera Dios quien lo dijo, el hombre nos acomodó para ser
sus esclavas, porque ellos continúan su soltería, mientras la mujer debe estar
sometida de por vida a un amor fallido, ¿es justo?
Anoche hablé con la señora del cielo y le pedí
luz sobre mi vida, siempre quise dejar todo de lado, pero pensé en mis hijos
pequeños, y decía para mi interior: “cuando sean mayores me separaré, por ahora
necesitan de mí y de un padre”, y los muchachos se levantaron con la coraza
sobre ellos. Una fuerza divina nos empuja y nos habla de la manera más dulce, y
empecé a caminar por donde siempre lo hice, busqué el sendero de tus ojos
negros y me quedé en tu cabellera ondulada y brillante.
Ahí, en ese paraje de los 3 lagos que
tal vez se referían a mis 3 hijos, donde la transparencia de sus aguas
dibujaban en su espejo toda la maravilla que había alrededor, las montañas y
sus flores tocaron fondo, se mezclaron con los algodones blancos y grises que
se movían suavemente en las alturas, dejando luego una estela dorada que
pintaba el sol en ese lago tercero, en donde te vi y me viste, pero agachaste
la cabeza y quise continuar como si no existieras.
Luego vi a la chica, era hermosa,
blanca y de cabello castaño, llevaba un bebé en brazos pero estaba histérica,
era tu esposa en el sueño, pero cada uno estaba por su lado. Ella gritaba mucho
a su otra hija para que fuera en su ayuda, mientras en la hamaca de rayitas
escondías el rostro, una hamaca colgada en el aire, ¡qué raro!, pero todo es
posible en los sueños, después algo te movió a otro instante y elevaste la
mirada hasta una mínima altura de mi cuerpo y nos tocamos los ojos, la fuerza
del amor me empujó a tus brazos, cerca de Hidaly mi cuñada y mi hermana Socorro
que veían admiradas cómo una mujer adulta como yo, podía estar besando a un
hombre delante de todos, como si en el mundo sólo existiéramos los dos.
El ruido de otro día me despertó a
las 5.05 am y conté a mi hija el sueño, ella me respondió: ¿sabes madre que también
ésta semana pensé en él debido a mi profesión?, tal vez me pueda ayudar, ¿pero
ayudar a qué?, una enfermera tiene las puertas abiertas hasta del cielo, y me
levanté optimista a disfrutar de otro maravilloso día, todo sonaba a ruido de
lora demente, a gatos maullando, a niños pidiendo el primer bocado del día, y
el árbol entonaba una majestuosa oración, las brisas llegaron, ahora todo es dulce y hermoso.
Y sí, la madre me regaló un hermoso
sueño, fue un baño increíble, fueron unos besos olvidados que regresaron cual
brisa fresca, al balcón blanco de mis delirios.
Raquel Rueda Bohórquez
09 01 17
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