sábado, 7 de enero de 2017

SUEÑO 6117 (110)

SUEÑO 6117 (110)

Debíamos pasar al otro lado, algo había por hacer que no recuerdo; estaba con Sofía, una de mis hermanas. Era difícil un camino sin camino ni senderos siendo algo por donde debía cruzar, muy escarpado; rocas y más rocas, filos y más filos, en medio de la humedad que besaba la montaña llena de verde olivo...

Ella pasó fácilmente, nada le hirió, estaba contenta y llegó al otro lado, parecía una pluma, ¿por qué tanta facilidad en medio de un mundo tan tormentoso?, pero sucedió, me quedé a la deriva viendo de qué manera cruzaría éste sendero tan gris, y abajo un río violento, un resbalón y nada sería de mí, esta gran inquietud movía el corazón con violencia y clamaba del cielo clemencia.

¡Clemencia!, ¡Clemencia Señor!
¿Hacia dónde habrá corrido que no se percata de mi presencia?

Un impulso raro me hizo tomar la cuesta, ¿qué importa ya?, parecía todo perdido, no había llano para descansar, todo se fue por entre los dedos y la esperanza fue el hilo más fuerte al final.

Cada vez resbalaba y la navaja cortaba la carne, ¿por qué me dolía si estaba dormida?, entre resbalón y resbalón, me aferraba de las raíces que sobresalían de la montaña, una que otra se soltaba, me sostenía viendo hacia la nada y buscaba a providencia con fervor.

Una mano salió de la penumbra: ¡Aquí estoy!...

El regocijo me despertó con la lengua herida, había mordido mi carne una y mil veces, pero no desfallecí, ni siquiera en sueños dejé de pensar en Dios, y Él me respondió de la manera más sublime.

Raquel Rueda Bohórquez

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