lunes, 28 de noviembre de 2016

¿EN QUÉ ME DISTRAIGO? (145)

Golondrina 

¿EN QUÉ ME DISTRAIGO? (144)

 Se llama Golondrina,
Su mirada es tan extensa como el valle
En donde se crecen los sueños
 Y se maduran las uvas.

Las golondrinas llevan nubes por dentro.

¡Y eso que decían
Que las vacas no lloraban!



Por andar pendiente de un espejo,
Olvidé ver el instante en que el gusano fue mariposa...

Así nos sucede, pero cuando deseamos ver y adivinar; ya no podemos hacerlo de la misma manera que cuando los ojos advertían los colores llenos de magia. Ahora se van volviendo grises, en medio de un mundo cada vez más alejado de la verdad.

¿Pero qué es la verdad y quién la posee?, me cansé de las cantaletas, de la misma voz interior que me grita; me agoté de escribir y escribir, recibiendo órdenes de un invisible, que maneja mi vida a su antojo.

¿Qué puedo hacer ahora?, se han caído todas mis plumas; no puedo volar con las mismas ganas de ayer, y debo tornar al muro a comer bocados pequeños, escondida en la espesura.

Vago en medio de la vastedad del universo y tu sombra me persigue; a donde voy te veo y me sigo, y entre más corro, nada que puedo ocultarme de mi esencia, qué no sé de donde viene, ni a dónde va.

Vivo pendiente del águila que cruza el valle y pienso: ¿En dónde quedó mi juventud?, ¡divina esencia fresca a rosas!, ¿por qué tan pronto abandona el pichón el nido y decide el destino, su viaje al mar?

Aquí estoy, pasan los días y nada que mis alas se crecen; mi yo gorrión se empeña, y estas ganas se cansan de esperar.

Paso las hojas de mi libro ausente, ¡no alcanzan las ganas para tanto!, y otra vez melancolía me busca y me abruma con locos pensamientos.

Pero luego me busco y me acepto, me veo al espejo: ¿esa soy yo?, ¿ese ocre pequeño que mueve su pico y trina cortas melodías, es lo que soy?, más no me respondo; las hojas inician a guardar mis pensamientos y un olor a pino me lleva a lo más recóndito, en donde los dos nos parecemos y nos confundimos como uno.

¡Para de pensar!, tengo un motivo para buscar el aire fresco, levantarme de aquí y volar de a trocitos por el bosque de la ignominia, que se pasea redondo frente a mis ojos, y a pesar de todo, mi garganta se empeña, las rodillas se doblan por otro atardecer, que me sorprende esperando las flores blancas del café y el pergamino, para escribir tu nombre junto al mío.

Raquel Rueda Bohórquez

Barranquilla, noviembre 28/16

INICIÓ A LLOVER/A una vaca (146)

Amapola

INICIÓ A LLOVER/A una vaca (146)

La flor se llama "Amapola", pero no tiene venenos
Ni está el hombre cerca para cortar su cuello,
Tiene un chicle de hierba fresca en la boca
Y lo saborea con dulzura.

Inició a llover de nuevo y aquí freno, porque no me pierdo el instante de sus besos sobre el asfaltado mundo.

Y pasó el instante de la melancolía; la lluvia se llevó la inmundicia del lago en donde todo parecía perfecto, pero un olor putrefacto mataba la vida y las aves a pesar de todo, con algo de alegría, buscaban un alivio, y al volar, todas eran negras y corruptas; parecían políticos en feria, más ellas tenían el alma contenta, porque todavía el verde buscaba su hogar entre el carbón mineral que viajaba espacios infinitos desde la tierra santa, hasta el lugar en donde el infierno tocaba con sus alas y sus garras al mundo.

Inició a llover y pienso en ti, ¿por qué has silenciado tus poemas?, ayer todo era perfecto; hoy, la nube gris descarga sus afanes sobre mi hogar, en tanto un pez suspira sus versos en medio de una paila que arde y quema, matando el hambre de otra mañana.

Andrea me regaló una mariposa para llevar al cuello y una billetera para echar las monedas ausentes, los billetes que llegarán en primavera. ¡Tan hermosa la niña!, ahora pocos se atreven a regalar ni siquiera un verso, porque temen al rechazo y a la hipocresía que mucho nos asiste.

Le ponemos valor a todo, pero no la intención maravillosa que movió a la lluvia hacia las rosas.

¡Gracias!, y queda confirmado que no merezco tanto, pero entre lo poco, lo mejor ha sido hallado.

Sigue lloviendo, el pez ya está asado, es una delicia y pido perdón, por si acaso estoy pecando, y en esto recordé que el pez come peces y se me pasó el afán, es porque somos iguales a ellos y a todos, sobreviviendo y pasando el filo de la montaña, hasta hallar el nido de la cobra donde se cuecen las esperanzas.

Está llena la barriga, las ilusiones abarcan los ojos y la lluvia cesa despacio su canto, en tanto las hojas son más verdes y los pájaros se duermen bajo las ramas, ansiando el arco iris que se presiente después de tanto esperar a que todo esté mojado, para ver en medio del paisaje, la promesa de unos rayos que se vuelven color y poesía, entre más y más regalos.

Hay rochela...
Una pequeña rochela de pájaros.

Un grillo suena su violín,
Y el arpa del silencio
Sacude las alas de la tarde.

Raquel Rueda Bohórquez

28 11 16

UN 27 DE NOVIEMBRE (147)

Tocando el Magdalena


UN 27 DE NOVIEMBRE (147)

Tocando el Magdalena


Ayer dejé un sencillo mensaje en la página del alboroto:

Hoy fue un día de ángeles, cada vez el misticismo me atrae más y más; antes le huía a los rosarios, ahora sólo busco a Dios en todo lo que me rodea, y mi ángel responde.

 Esta noche orar por la salud del cuerpo y del alma hasta de mis enemigos, si existen.

Todo transcurrió como siempre, escribiendo poco en páginas, pero trabajando en mi sencilla obra, corrigiendo y organizando. Siempre encuentro muchos errores, entonces freno un instante, ante una llamada a salir a ver el paisaje por el malecón hacia el Magdalena.

Ha quedado muy bonito, se puede caminar casi que tocando el río, el gran sueño de mi madre, y en medio de ésta nostalgia recorrimos el trayecto escuchando a las tantas aves marinas que se agolpaban buscando un contento, luego las veíamos robar comida, en tanto una que otra solitaria, lograba un bocado y huía ante la bandada que se acercaba.

Me gustaron las aves negras que formaron una y otra vez esa flecha perfecta en el cielo, la diminuta golondrina perdida me llamó la atención, ¿si ves?, ahí va y cruza el estero sin miedo, pasa por sobre las gigantes aves y se aleja, quedando un punto que al fin desaparece.

Luego viene una garza gigante en picada y roba el lugar de pesca de otra, quien huye a buscar otro lugar; ella salió vencedora, pues se fue con sus alas enteras y sus ganas, hacia un lugar más dulce.

Cada una tiene un afán y ese afán es comida, ¿qué otra cosa se puede perseguir más que el alimento y un lugar digno para vivir?, aquí había riqueza para el espíritu y de esa riqueza rogaba para mí.

Dios las sostiene a ellas, ¿cómo no puede hacerlo con nosotros?, lo que pasa es que vivimos afanados por tener y tener, para finalmente dejar todo en manos de quien no se priva de gozar y disfrutar la vida. Aquí también hay ladrones, pero el abusado sigue peleando y peleando por un espacio y un pez, y no se disgusta demasiado, lo intenta una y otra vez sin pereza.

Luego fueron desapareciendo; el sol anunciaba que el cielo pronto estaría colmado de estrellas o de nubes grises cargadas de muchas ilusiones.

Veía a mi cuñado y a mis hermanas muy contentas, entre bromas y cuentos, entre perritos hambrientos llenos de sarna y garrapatas, y gentes de otros países que venían de paso, se fue la tarde; pero antes, veía siempre al astro luminoso; las nubes con sus imágenes cambiantes y esos colores maravillosos, eran la más bella oración de la tarde.

Y ahí estaba, sentí de pronto deseos de bailar. Hay un instante en que el sol cambia de colores; los científicos dicen que es por mirar de frente y algo sucede dentro del ojo, ¿pero para qué me entretengo en asuntos científicos?, el sol quema si lo vemos de frente; en éste segundo en que se despide, no quema ni hiere, sólo danza y cambia de colores, ahí extendí los brazos y en mi mente daba gracias por tanta maravilla.

¡Oh gaviota mía!, ¡amor de mis amores, cuánto te amo!, quiero llenarme de ti desde la aurora, ser lo que tú desees y mejorar como ser humano cada instante, que no pierda el tiempo con más enojos, que no lo desperdicie escuchando risas y charlas denigrando de otros, y que tampoco lo haga. Y empecé a bailar, sabía que me estaba viendo, pero no imaginé lo cerca que estaba de mí.

Luego pedí que me enviaran las fotografías para llevarlas al blog de mis fantasías, y la vi, una inmensa alegría me llenó de luz, y sin querer llorar lo estaba haciendo.

La gaviota me escuchó y bailé con ella, fue un mínimo reencuentro entre el amor y yo, justo en medio del cielo y la tierra.

Raquel Rueda Bohórquez

28 11 16

domingo, 27 de noviembre de 2016

LA VAQUITA SHEILA (148)

Sheila

LA VAQUITA SHEILA (148)

Se parece a mí...
Siempre está viendo
Lo que ha quedado atrás.

Tiene la mirada
Llena de nostalgias,
 De reclamos y quejas.

Se parece a mí
En la máscara
Que oculta su verdad,
 Y que todos lanzaron al viento
Con mentiras y enojos.

Huele a bosque fresco,
A hierba mojada,
 ¡A campo verde!...

Se parece a mí
En la mirada,
Siempre guardando un verso
Que no mastica ni digiere,
Ni siquiera lo piensa.

Se parece a mí en todo,
Ella soy yo, y yo soy ella,
 Mezclada en el color de la tierra
Y en el aromar que trae el viento
Desde la montaña...

Raquel Rueda Bohórquez

Barranquilla, noviembre 27/16

sábado, 26 de noviembre de 2016

SUEÑO 251116 (149)

El canario del vecino murió en prisión,
ahora no escucho su canto
desde mi balcón. 


SUEÑO 251116 (149)

El canario del vecino murió en prisión,
ahora no escucho su canto


desde mi balcón. 


Aves de muchos colores,
pajaritos hermosos que criaban en sus jaulas,
todo esto recuerdo y en sueños sus almas vienen y van,
¡al fin son libres!, vinieron por mí,
pero mi jaula tenía cerrojo
por dentro y por fuera. 



¡Otra vez será!

Había una gran jaula
con demasiadas aves de colores, 
vi azules intensos con blanco, 
¡parecían flores colgando de un naranjo!

¿Por dónde se van?
Todas querían volar
y a todas deseaba apresar.

Transcurre la noche
pero estaba aturdida 
volando con ellas,
más todo vuelo era una cerca
de blancos barrotes de acero.

Y luego cantaban, 
después batían sus alas
que se quebraban una y otra vez,

pero de nuevo brotaban
despacio y sin prisas,
esperando de mis manos
una puerta abierta.

Al despertar, recordé un ayer
con muchas de ellas en prisión.

¡Ha de ser que me reclaman su libertad!

Sus almas vinieron a verme
y sus trinos en prisión,
me enseñaron que por ellas fui carcelera
pero ahora, en la misma cárcel estoy. 

Raquel Rueda Bohórquez 
26 11 16 


jueves, 24 de noviembre de 2016

SUEÑO 231116 (150)

Bromelias en flor.


SUEÑO 231116 (150)

Era una casa de campo, un salón raro y sucio, pero ahí encontré a Serbio con varias mujeres; una morena de rostro familiar, pero en verdad no sé quién es, y otra jovencita delgada y flaca, parecía una lombriz extendida en el pantano esperando a que llegue el verano.

¡Ah pillados!, ¡desgraciados!, ¿cuánto tiempo hace que se burlan de mí?

Parecía que no escuchaban mis gritos y todos reían, incluyendo Serbio, quien con maliciosa mirada y sonrisa socarrona me despojaba de la poca dignidad que me quedaba.

¡Es un tipo miserable! ¿Por qué en vez de engañarme no me contaba la verdad?

Dije muchas cosas, intenté golpear a la flacuchenta que estaba preñada además. Me dijo en medio de risotadas que tenía 15 días de embarazo, ¡pero su barriga estaba enorme!, parecía que la lombriz se hubiese tragado entero un fríjol.

¡Cuánta rabia tenía!, entonces en un momento de mucha ira, me abalancé contra la flacucha con cara de rana y la agarré de las greñas, ¡jajajajaja!, reía y reía, y más me enfurecía, parecía que lo que hacía era acariciarla, y luego las risotadas eran generales, ¡cuánto dolor!, nada peor que la traición, no se la deseo a nadie, ni siquiera en la peor de sus pesadillas.

¡Ufff!, despertar es lo mejor que me ha podido pasar.
Jamás en mi vida pelearía por el amor de un hombre, pero en sueños sucedió.

¿Qué pasará?, a veces lo que sueño sucede, no quiero ser madrastra de nadie, menos se me antoja ser abuela y con esto le digo a mis hijos que hay demasiado niño sufriendo, ¿para qué más criaturas?, ¿cuántos nietos se burlan de sus abuelos y los toman como su juguete?, estoy pisando las puertas a la ancianidad y tengo miedo, ¡mucho miedo! porque de una rabieta podría morir.

Había olvidado contar los sueños, he tenido algunos muy geniales, donde estoy sobre la cima de algo y mucha gente alrededor me aplaude. ¿Será que me voy a ganar la lotería?

Raquel Rueda Bohórquez

24 11 16 

miércoles, 23 de noviembre de 2016

PARECÍA NIEBLA (151)

PARECÍA NIEBLA (151)

La mañana era fría
Y en los ojos, ciertamente,
Habitaba la melancolía.

Todo es miel de caña
Y la flor fue aroma
Que esparció la brisa.

Su carne era tierna,
Semejaban pétalos de rosa
Que caían y caían…

Todo fue hielo y neblina
En aquél madrigal
Donde un poema se mataba.

En sus ojos no hubo lágrimas
Porque el sol las había secado
Entre el pasto pisoteado.

Era lúgubre la mañana
Y la tierra estaba húmeda,
Cuando la encontraron.

Todo fue silencio,
Hasta los pájaros callaron.

Y la novia del valle vagó,
Vagó toda entre la montaña,

Y se volvió neblina,
Arropando la cúpula de un árbol.

Raquel Rueda Bohórquez
Colombia

9 11/16

RNDA 10613110

CANTO DE PÁJAROS (152)

CANTO DE PÁJAROS (152)

Estoy aquí, en el muro de los silencios,
Pensando en las mismas vainas de ayer,
En los sonidos de los pájaros y en sus vaivenes,
En el zumbido de una mosca necia que busca un lugar
Para dejar en una herida sus tesoros.

Un silbo incita al amor, otro a una pelea corta
Por un grillo que salta de rama en rama,
Y un trozo de paisaje que alguien desea robar.

Entre agudos y contraltos,
El mundo de las aves se parece al de todos,
Buscando enardecidos su vida multiplicar
Un doblar de rodillas lo es todo,
Y en ese lugar escondido del mundo
Un pez cobrará vida en un instante
Y se volverá rosa en un pajal.

Cada quien divulga de lo que tiene en su garganta,
Otros, de lo que poseen sus garras y de ahí se aferran
A la suerte de un bocado desprevenido
Causando dolor que no ven.

Una luciérnaga se acompaña de silencios,
Llega la tarde y con ella la oscuridad se presiente,
Pero es ahí donde todo se enciende,
Y el amor cobra vida otra vez.

Raquel Rueda Bohórquez

23 11 16 

martes, 22 de noviembre de 2016

CARACOLEANDO/A Yabel René (153)

CARACOLEANDO/A Yabel René (153)


La imagen de un par de caracoles
Que ven curiosos el fondo de un lago.

Caminan y caminan sin pies ni manos
Y en ese resbalarse nace el amor,
Dejando un camino luminoso a su paso.


Así, juntos resbalando por la loma
En medio de guijarros y arenas
Robándole al mundo un instante

Mojados, siempre mojados…

Luego bendecirnos a versos
Para fabricar casas pequeñas
Sin endeudamientos previos,
Y continuar así por largo trecho.

Juntos, tú y yo,
Entre verdes prados
Donando una estela brillante
Para que el sol nos adivine una tarde,
Cualquier tarde de diciembre
Amándonos otra vez, sin reservas.

¡Oh, amada casita de plata!
Por ti me deslizo dulcemente
Entre los más fuertes aguaceros,
Para probar del cielo la fortuna
De sus lágrimas pálidas.

Juntos, siempre juntos
Lagrimeando perlas al camino,
En medio de largos silencios.

Raquel Rueda Bohórquez
Barranquilla, noviembre 22/16

sábado, 19 de noviembre de 2016

¿QUÉ SOY? (154)


¿QUÉ SOY?/ (154)

Amor en miniatura,
Amor en grande;
Amor, siempre amor
Eso eres tú.

¿Qué soy yo?

¡Soy el ave!
¡Soy el viento!

Soy el mar...
Ese mar
Que te recorre,

Esa sangre
Que te vuelve violeta.

Ese sentimiento dulce
De mariposa
Sobre una flor.

Raquel Rueda Bohórquez

19 11 16

jueves, 17 de noviembre de 2016

EL VIGILANTE/A Diente (155)

Diente 

EL VIGILANTE/A Diente (155)

Diente fue un paisaje
Que deambuló por la cuadra
 Por muchos años.

Cuidó de día y de noche cada portal.

Su dueño lo recibió de nuevo
Cuando compró un vehículo.

El día de su muerte tenía mucha sed
Y viéndome a los ojos lloró...

Recordé que posó para mí.
Muchas heridas en el camino,
Una patada, un camión.

Una gusanera que vibraba cuerdas
Y le hacía gritar hacia adentro,
Pero luego volaron todas
Y buscaron a una víctima mayor.

Diente se fue sin rezongar una tarde,
Pasaba por ahí, nos vimos y me chilló...
¿Qué quieres mi corazón?

Pero no quiso nada, al regresar
Tenía la mirada abierta
Y el sol pegaba fuerte
En su triste figura.

¡Gracias amigo!
Por esas veces que cuidaste mi casa
Sin ser nada tuyo.

¿Qué fuimos los dos?
¡Claro que sí!

Eras mi prójimo
Y lo había olvidado.

Raquel Rueda Bohórquez

17 11 16 

domingo, 13 de noviembre de 2016

GENTIL (156)


GENTIL (156)

Eres el más gentil de los astros,
Pasas por mi casa pequeña
Y me regalas el don de tu luz
Que se plasma en el espejo de la vida.

Vi a un ave colaborando a otra,
Su favor fue recompensado con un beso
Y trepó a la montaña el canario
Para luego parir ella, versitos alegres.

Gentil el mar y sus espumas
Que se elevan y bajan con su marea
Sin lastimar a la roca ni al ermitaño,
Que se pasean por su vereda.

Tu boca ardiente en la mía:
¡Qué sutil gentileza!
Me lleva al cielo en un instante
Para tornar otra vez a tu pecho
Con total delicadeza.

Y entre tanta bondad
El árbol en la escuadra de mi casa
Que aparte de su aroma a hombre
Dona de su amor sin lástima.

Me abrazo cual enredadera de su talle
Y surco despacio la rama más empinada,
Para buscar entre todo lo dulce,
La mirada en cruz de mi amante.

Raquel Rueda Bohórquez

13 11 16

sábado, 12 de noviembre de 2016

ADMIRO (157)



ADMIRO (157)

Un día de inquietud el cielo me reflejó tu amor.

Admiro la estación de las primaveras,
Pero más, la de las perlas de sal,
Porque ellas limpian nuestro mar
Y nos refleja estrellas en los ojos.

Admiro el pico de las aves tiernas;
Parecen florecitas del campo
De variados tonos.

Su garganta prepara la flauta
Que sonará luego
Con tintes a madre y padre
Entre juncos y viñedos.

Admiro la lluvia de improviso,
El torrencial sonido de sus gotas
Que pronuncian versos al amor
Que nadie nota.

Admiro el poder de la palabra,
La estación del sol en la guirnalda;
Y ante todo, el ruido del viento
Al besar y sacudir un gajo.

El amor de una madre
Solícito, sin igual,
Pareciendo entre los jardines
La más perfecta flor del rosal.

Y después de lo demás,
Admiro el paisaje del segundo,
Lo cambiante de las nubes;
Lo brillante del espejo de agua
Que se roba el espectáculo
Y nos sacude.

Raquel Rueda Bohórquez

12 11 16

domingo, 6 de noviembre de 2016

AL CHICO DEL BUS (158)

AL CHICO DEL BUS (158)

Llueve y cierro los ojos…
A pesar de ello veo tu luz
Que se refleja en el miedo
Y se profundiza en el azul del mar.

Soy luciérnaga en quietud
Y emano de tu resplandor
Que brota dentro de mí,
Para que llegue el amante fiel
Y se quede volando
En medio de juncos y flores,
Multiplicando espejos en el lago
Cual estrellas en el cielo.

Llueve y te pienso una y otra vez
Porque al llegar la noche,
El miedo se esconde en alacenas
Y los espantos salen disfrazados de buenos
A violar chicas en los buses urbanos.

Soy el pájaro azul que surca el cielo
Y dicen que los azules somos perversos.

Soy el ángel que empujó al depredador,
Pero su disparo tocó mi corazón.

Llueve a cántaros... todo es carmesí…
La carne mía fue negra y negros tus ojos.
Se quedaron estáticos viendo a una niña asustada
Que no pudo salvar su pellejo.

Soy el chico que pasaba por ahí,
Luego, después de todo: ¡Gracias niña!,
Porque estabas en el segundo del afán
Y gracias a ti, no estoy en el lugar de la inmundicia.

Vuelo hacia la distancia sin fin
Que me acerca otra vez al valle perdido
Que fabrica mi vida de nuevo
En otro paraíso sin hombres.

Raquel Rueda Bohórquez

6 11 16

ENFERMO DE ODIO (159)

La cabrita parió un cabrito 
que la mula le mató.

Balaba y balaba la cabrita
hasta que hace poco, 
parió dos. 

Y al fin la tristeza 
en júbilo se transformó. 


ENFERMO DE ODIO (159)

El diagnóstico que le dieron fue:
“Sufre de mal de rabia y odio...”

Tratamiento:
Encierro por 5 días, sin pan ni agua.

Luego del primer día se escuchaba: ¡Grrrrrr malditos! ¡Malditos, los odio! ¡Por culpa de todos ustedes es que estoy en la inmunda!..

Así, día a día con las palabras al revés y la vena torcida, el odio se fue doblando poco a poco, no hubo necesidad de tercer día, porque cuando las tripas iniciaron por ajustar el pantalón, el enfermo ya estaba de rodillas:

¡Perdón!, ¡perdóname Señor por todos mis pecados!

Prometo que no volveré a odiar a nadie en el mundo, ¡tengo hambre! ¡Tengo sed!, tengo miedo…

Alguien tocó a la puerta y abrió el cerrojo impuesto, ¿seré yo mismo quien abro?, ya no sé ni en donde estoy, el hambre nos vuelve ciegos, sordos, mudos; la sed es lo peor, tener tanto para beber y desperdiciar el vino que se ofrece desde la vid.

En vez de vinagre en su boca, la persona enferma de odio recibió agua pura recién salida del manantial, y un pez gordo adornaba el plato, el arroz blanco era un manjar.

Se abalanzó sobre cada cosa, le pareció que jamás había tomado algo más rico en su vida y que ese alimento era lo mejor que existía.
Siempre había tenido en abundancia todo lo que había deseado, hasta el momento en que el odio pudo más, y se condenó así mismo a un castigo, pero teniendo las llaves del cerrojo, es fácil, no así cuando es otro quien abre la puerta y nos persigna con su presencia.

Pero el paciente sabía que nadie más que él mismo podía sanarse de tal enfermedad, y se lo propuso.

Hoy está curado, ahora bendice la hora y el segundo, ya no reniega de la suerte, porque no hay mayor suerte que un día más de vida con salud, el estómago lleno, y la vid brotando uvas, como el cielo aguaceros.

Raquel Rueda Bohórquez 
6 11 16
Publicado por Raquel Rueda Bohórquez en 13:35




EL ERMITAÑO Y YO (160)

El ermitaño halló en el cielo su casa grande.


EL ERMITAÑO Y YO (160)

El ermitaño halló en el cielo su casa grande.

Al fondo todo es azul, combina a la perfección con el dorado de la playa y el horizonte que duerme al final, pero ese final es otra línea y otra, y otra...

Con cada línea del horizonte formó una gran libreta, jamás terminó, sólo si se apaga la vida, ¿pero cuándo se apagará la vida si ella es el motivo?

Se escucha el murmullo de las olas, el cantar de las aves, el silencioso danzar de los peces que no saben de pecado; todo se escucha en el silencio, hasta el silencio grita su voz y su voz tiene matices divinos.

Ahí estaba mi Yo ermitaño, tímido y avergonzado de tanto dolor que veía desde su casa, que no era suya realmente, era el regalo también mudo, de otra existencia que se fue en medio de una tenaza que no tenía oídos para escuchar sus gritos, ni tiempo para sentarse a morir de hambre, pues el hambre acusa y la mirada dispone.

Escuché al ermitaño, ¡se veía tan dulce!, pero esa dulzura también era causa de su fragilidad, y él lo sabía, por eso alargaba su vida con cada casa prestada en su camino.

Para iniciar, me mudaría de hogar, a una casa más amplia, que no esté llena de cosas, pero sí, donde haya más paisaje para ver... -dijo el ermitaño-

En tanto las olas en su vaivén, dejaron ante su mirada una casa perlada sin dueño; estaba vacía, y por dentro una joya parecía.

-¿Quién de tal manera la brillaría? ¡Debe haber sido el Mágico Constructor!, nadie de por aquí puede fabricar una obra así. ¿Esto qué es acaso? -gritó de nuevo, asombrado el ermitaño-

A decir verdad, su casa pequeña también era en préstamo, ya no cabía en ella, todo se había engrosado, hasta el alma, y en veloz carrera se abrió paso entre los escombros del mar, no hubo duda en sus pasos y acomodó su figura al palacio que se le donó.

Luego continuó la dulce melodía del mar, el divino silencio, en medio del ruido del mundo.

Raquel Rueda Bohórquez

6 11 16

viernes, 4 de noviembre de 2016

¿A QUÉ LE TENGO MIEDO? (161)

Él no tiene tiempo para temer,
sólo para amar.
Freddy, el bebé de mami. 

¿A QUÉ LE TENGO MIEDO? (161)

Él no tiene tiempo para temer,
Sólo para amar.

/Freddy, el bebé de mami.

Antes le tenía miedo a la soledad, pero ahora la quiero, porque puedo expresar todo lo que ella me dicta, y voy sacando las rocas que tanto me pesaban.

Le tengo miedo a muchas cosas, a la curva en el camino, al amigo infiel, a la traición, a la lengua de las mujeres y a sus enaguas cortas...

Miedo a la cobardía del hombre que inventa chismes, que supone y agranda para dañar a otros, a la sombra de un cuchillo, a la huella de la sangre que escurre veredas y seca las ilusiones de los niños.

Antes le tenía miedo a las noches, a la oscuridad, /todavía sucede, a las pesadillas que me hacen despertar con la boca sedienta a cierta hora de la noche; entonces los relojes frenaron porque vivía cercada de temores...

Miedo al odio que no justifica la acción, a ese taladrar de la mirada sin conocer la razón, a expresar que detesto a otros cuando no puedo ni siquiera amarme a mí mismo.

Le tengo miedo a los políticos y a sus trampas, a éste sistema cruel que nos envuelve en sus marañas, a la basura que compramos y luego nos espanta.

Le temo al furor de la naturaleza en todas sus manifestaciones, y a éste tiempo; a la gente que mata un árbol y daña un animal, estas personas son de cuidado porque no aprecian los regalos de Dios.

Antes le tenía miedo a la muerte, ahora le tengo mucho respeto, porque sé que Dios hizo todo perfecto, que no puedo atentar contra su regalo más dulce, pero le tengo miedo a la enfermedad.

¿Quién no le teme al dolor?

Aquí me doblo: ¡Señor!, ¿por qué el dolor?, ¿qué justifica la enfermedad?, luego pienso que la enfermedad es propiciada por el hombre y que nada tiene que ver Dios con ella.

Es a lo que más temo, a estar en abandono y enferma; aquí me vuelvo girasol al atardecer, aquí ruego al Rey por la salud, suplico para que las hierbas que sanan regresen, y los venenos que se expanden para beneficio de quienes ocultan la cura, desaparezcan.
¡Qué broten los curanderos como las flores en el campo!

¿En dónde están los sabios del bosque?

Fueron castigados en la hoguera, porque no era conveniente tanto saber, ahora todos estamos sometidos a ese vicio invisible que viene disfrazado de muerte en el viento.

La enfermedad es la cura a toda soberbia.

¿A qué le tienes miedo?


Raquel Rueda Bohórquez

4 11 16

jueves, 3 de noviembre de 2016

TODO ES MÍO (162)

TODO ES MÍO (162)

Todo lo que ven tus ojos es mío;
Lo que abarque tu mirada
Desde la elevada montaña.

Si para tenerte,
Puedo ser el dueño del aire,
Lo compraré para ti…

Si para que me ames,
Es necesario ser dueño del cielo,
Acabo de hacer negocio con Él
Y sus escrituras las guardo para ti,
Con firma y sello del Creador.

Todo lo que ven tus ojos,
A partir del nacimiento de un manantial;
El colgajo de flores del más alto árbol,
Me pertenecen por igual.

Si tú lo deseas,
 También tendré alas para volar;
Perseguiré una estrella,
Pues también son parte de un legado
Y puedes escoger la que más te agrade,
Para colocarla en una guirnalda
 Y adornar tus cabellos dorados.

Me importa tu amor,
Y por Él soy el amo del mundo,
Poseo tierras, soy el dueño del lago más grande que divises;
De los tesoros que se guardan en su interior,
Y por ser poseedor de una mirada de tus ojos
Seré navegante, pirata, poeta y cantor.

¡Si vieras mi amor!...
¿Quieres ser amante del hombre más rico?

¡No corras más!… detente y mírame…
Desnuda tu piel en la mía y sabrás de riquezas,
Porque todo lo demás que puedan alcanzar tus ojos,
Es tuyo, y por tu amor seré un rey de rodillas,
Entregado a éste gran sueño
De tenerte entre mis brazos.

Raquel Rueda Bohórquez

Barranquilla, diciembre 15/13