jueves, 19 de enero de 2017

LA OBRA (45)



LA OBRA (45)

Los perros sólo tenían ojos para mí, ¿qué tanto les llamaba la atención?, se revolcaban como niños, se amaban como tal, junto a sus pulgas y sarnas que se rascan con gracia.

¿Pero luego tienen sarna sus perros finos?, ¡mira qué idiotez!, parece que la sarna solo se le pega a los perros y gentes de estratos bajos, y la pecueca pasa redonda por mi nariz, cual oloroso perfume de gato fino.

Con estos pensamientos los veo lamerse, sacan sus lenguas y las revuelcan dentro de sus propios dientes deseando sacar el olor y las migas de un alfajor, que se quedó atorado entre la cordal y la espina dorsal.

Y ahí lo veo, casi que encorvado sobre su piano, luego busca las partituras y el ambiente se llena, más algo de inquietud tiene el potrillo, ¿qué será de mí?, /me pregunta angustiado, no sé qué hacer, /y a su lado está una libreta con las hojas llenas de pensamientos.

Suele cantar porque ama cantar, escribe poemas y coplas, porque también le agrada; va y viene del parque a la casa y de la alcoba al piano, y regresa a la guitarra, con los ojos brillantes y la inquietud de un león encerrado.

¿Qué te afana hijo de mi corazón?, no estés inquieto, puedes enfermar, o tal vez la depresión será un arma al cuello, disfrazada de soga, ¡levántate huevón!, el mundo está lleno de inquietud, pero tienes herramientas que te harán feliz.

Me vio a los ojos, su carcajada abrió en dos mi corazón, quise abrazarlo pero me ahogaban los brillos intensos que moraban en ellos y ahí hallé las estrellas, que le faltaban al cielo más oscuro de mis tantos días.

¡Voy a componer una melodía!, /dijo.  Me habló de un gran poeta, Jodorowski, ¿y esa vaina?, otra tarea por aprender, la inquietud por saber hacia dónde me lleva la pena de no saber de tanta gente excelente que pasó, y que ha dejado huella para que otros sigan.

¡Ya veré quién es el tipo!, algún zumo he de extraer para mi propia vida.

Deseo acariciar su larga cabellera, que no me importe cuando ríen de él y que a él le sea indiferente, y me quedo en medio de la multitud que somos los dos, tan inquietos, sin importar que el tiempo pase, tan defraudados, pero a la vez resueltos a continuar con la melodía, hasta que el Maestro envíe la mueca, o disponga su brazo en alto para frenar.

La obra inicia, la tarde comienza, y olvidé que tengo una gran tarea para mañana. ¿Llegará ese día?, ¿para qué nos afanamos tanto por esa tarde, por esos sueños raros, si podrían jamás llegar?, pero sin importar, hay que abrir el telón, el espectáculo comienza, el sol buscará otras montañas y la luna se repetirá, en medio de miles de estrellas.

Raquel Rueda Bohórquez

Barranquilla, 19 0117

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