Golondrina
¿EN QUÉ ME DISTRAIGO? (144)
Se llama Golondrina,
Su mirada es tan
extensa como el valle
En donde se crecen
los sueños
Y se maduran las uvas.
Las golondrinas
llevan nubes por dentro.
¡Y eso que decían
Que las vacas no
lloraban!
Por andar pendiente de un espejo,
Olvidé ver el instante en que el
gusano fue mariposa...
Así nos sucede, pero cuando deseamos
ver y adivinar; ya no podemos hacerlo de la misma manera que cuando los ojos
advertían los colores llenos de magia. Ahora se van volviendo grises, en medio
de un mundo cada vez más alejado de la verdad.
¿Pero qué es la verdad y quién la
posee?, me cansé de las cantaletas, de la misma voz interior que me grita; me
agoté de escribir y escribir, recibiendo órdenes de un invisible, que maneja mi
vida a su antojo.
¿Qué puedo hacer ahora?, se han caído
todas mis plumas; no puedo volar con las mismas ganas de ayer, y debo tornar al
muro a comer bocados pequeños, escondida en la espesura.
Vago en medio de la vastedad del
universo y tu sombra me persigue; a donde voy te veo y me sigo, y entre más
corro, nada que puedo ocultarme de mi esencia, qué no sé de donde viene, ni a
dónde va.
Vivo pendiente del águila que cruza
el valle y pienso: ¿En dónde quedó mi juventud?, ¡divina esencia fresca a
rosas!, ¿por qué tan pronto abandona el pichón el nido y decide el destino, su
viaje al mar?
Aquí estoy, pasan los días y nada que
mis alas se crecen; mi yo gorrión se empeña, y estas ganas se cansan de
esperar.
Paso las hojas de mi libro ausente,
¡no alcanzan las ganas para tanto!, y otra vez melancolía me busca y me abruma
con locos pensamientos.
Pero luego me busco y me acepto, me
veo al espejo: ¿esa soy yo?, ¿ese ocre pequeño que mueve su pico y trina cortas
melodías, es lo que soy?, más no me respondo; las hojas inician a guardar mis
pensamientos y un olor a pino me lleva a lo más recóndito, en donde los dos nos
parecemos y nos confundimos como uno.
¡Para de pensar!, tengo un motivo
para buscar el aire fresco, levantarme de aquí y volar de a trocitos por el
bosque de la ignominia, que se pasea redondo frente a mis ojos, y a pesar de
todo, mi garganta se empeña, las rodillas se doblan por otro atardecer, que me
sorprende esperando las flores blancas del café y el pergamino, para escribir
tu nombre junto al mío.
Raquel Rueda Bohórquez
Barranquilla, noviembre 28/16

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