lunes, 28 de noviembre de 2016

¿EN QUÉ ME DISTRAIGO? (145)

Golondrina 

¿EN QUÉ ME DISTRAIGO? (144)

 Se llama Golondrina,
Su mirada es tan extensa como el valle
En donde se crecen los sueños
 Y se maduran las uvas.

Las golondrinas llevan nubes por dentro.

¡Y eso que decían
Que las vacas no lloraban!



Por andar pendiente de un espejo,
Olvidé ver el instante en que el gusano fue mariposa...

Así nos sucede, pero cuando deseamos ver y adivinar; ya no podemos hacerlo de la misma manera que cuando los ojos advertían los colores llenos de magia. Ahora se van volviendo grises, en medio de un mundo cada vez más alejado de la verdad.

¿Pero qué es la verdad y quién la posee?, me cansé de las cantaletas, de la misma voz interior que me grita; me agoté de escribir y escribir, recibiendo órdenes de un invisible, que maneja mi vida a su antojo.

¿Qué puedo hacer ahora?, se han caído todas mis plumas; no puedo volar con las mismas ganas de ayer, y debo tornar al muro a comer bocados pequeños, escondida en la espesura.

Vago en medio de la vastedad del universo y tu sombra me persigue; a donde voy te veo y me sigo, y entre más corro, nada que puedo ocultarme de mi esencia, qué no sé de donde viene, ni a dónde va.

Vivo pendiente del águila que cruza el valle y pienso: ¿En dónde quedó mi juventud?, ¡divina esencia fresca a rosas!, ¿por qué tan pronto abandona el pichón el nido y decide el destino, su viaje al mar?

Aquí estoy, pasan los días y nada que mis alas se crecen; mi yo gorrión se empeña, y estas ganas se cansan de esperar.

Paso las hojas de mi libro ausente, ¡no alcanzan las ganas para tanto!, y otra vez melancolía me busca y me abruma con locos pensamientos.

Pero luego me busco y me acepto, me veo al espejo: ¿esa soy yo?, ¿ese ocre pequeño que mueve su pico y trina cortas melodías, es lo que soy?, más no me respondo; las hojas inician a guardar mis pensamientos y un olor a pino me lleva a lo más recóndito, en donde los dos nos parecemos y nos confundimos como uno.

¡Para de pensar!, tengo un motivo para buscar el aire fresco, levantarme de aquí y volar de a trocitos por el bosque de la ignominia, que se pasea redondo frente a mis ojos, y a pesar de todo, mi garganta se empeña, las rodillas se doblan por otro atardecer, que me sorprende esperando las flores blancas del café y el pergamino, para escribir tu nombre junto al mío.

Raquel Rueda Bohórquez

Barranquilla, noviembre 28/16

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