Amapola
INICIÓ A LLOVER/A una vaca (146)
La flor se llama
"Amapola", pero no tiene venenos
Ni está el hombre
cerca para cortar su cuello,
Tiene un chicle de
hierba fresca en la boca
Y lo saborea con
dulzura.
Inició a llover de nuevo y aquí
freno, porque no me pierdo el instante de sus besos sobre el asfaltado mundo.
Y pasó el instante de la melancolía;
la lluvia se llevó la inmundicia del lago en donde todo parecía perfecto, pero
un olor putrefacto mataba la vida y las aves a pesar de todo, con algo de
alegría, buscaban un alivio, y al volar, todas eran negras y corruptas;
parecían políticos en feria, más ellas tenían el alma contenta, porque todavía
el verde buscaba su hogar entre el carbón mineral que viajaba espacios
infinitos desde la tierra santa, hasta el lugar en donde el infierno tocaba con
sus alas y sus garras al mundo.
Inició a llover y pienso en ti, ¿por
qué has silenciado tus poemas?, ayer todo era perfecto; hoy, la nube gris
descarga sus afanes sobre mi hogar, en tanto un pez suspira sus versos en medio
de una paila que arde y quema, matando el hambre de otra mañana.
Andrea me regaló una mariposa para
llevar al cuello y una billetera para echar las monedas ausentes, los billetes
que llegarán en primavera. ¡Tan hermosa la niña!, ahora pocos se atreven a
regalar ni siquiera un verso, porque temen al rechazo y a la hipocresía que
mucho nos asiste.
Le ponemos valor a todo, pero no la
intención maravillosa que movió a la lluvia hacia las rosas.
¡Gracias!, y queda confirmado que no
merezco tanto, pero entre lo poco, lo mejor ha sido hallado.
Sigue lloviendo, el pez ya está
asado, es una delicia y pido perdón, por si acaso estoy pecando, y en esto
recordé que el pez come peces y se me pasó el afán, es porque somos iguales a
ellos y a todos, sobreviviendo y pasando el filo de la montaña, hasta hallar el
nido de la cobra donde se cuecen las esperanzas.
Está llena la barriga, las ilusiones
abarcan los ojos y la lluvia cesa despacio su canto, en tanto las hojas son más
verdes y los pájaros se duermen bajo las ramas, ansiando el arco iris que se
presiente después de tanto esperar a que todo esté mojado, para ver en medio
del paisaje, la promesa de unos rayos que se vuelven color y poesía, entre más
y más regalos.
Hay rochela...
Una pequeña rochela de pájaros.
Un grillo suena su violín,
Y el arpa del silencio
Sacude las alas de la tarde.
Raquel Rueda Bohórquez
28 11 16

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