La cabrita parió un cabrito
que la mula le mató.
Balaba y balaba la cabrita
hasta que hace poco,
parió dos.
Y al fin la tristeza
en júbilo se transformó.
ENFERMO DE ODIO (159)
El diagnóstico que le dieron fue:
“Sufre de mal de rabia y odio...”
Tratamiento:
Encierro por 5 días, sin pan ni agua.
Luego del primer día se escuchaba:
¡Grrrrrr malditos! ¡Malditos, los odio! ¡Por culpa de todos ustedes es que
estoy en la inmunda!..
Así, día a día con las palabras al
revés y la vena torcida, el odio se fue doblando poco a poco, no hubo necesidad
de tercer día, porque cuando las tripas iniciaron por ajustar el pantalón, el
enfermo ya estaba de rodillas:
¡Perdón!, ¡perdóname Señor por todos
mis pecados!
Prometo que no volveré a odiar a
nadie en el mundo, ¡tengo hambre! ¡Tengo sed!, tengo miedo…
Alguien tocó a la puerta y abrió el
cerrojo impuesto, ¿seré yo mismo quien abro?, ya no sé ni en donde estoy, el
hambre nos vuelve ciegos, sordos, mudos; la sed es lo peor, tener tanto para
beber y desperdiciar el vino que se ofrece desde la vid.
En vez de vinagre en su boca, la
persona enferma de odio recibió agua pura recién salida del manantial, y un pez
gordo adornaba el plato, el arroz blanco era un manjar.
Se abalanzó sobre cada cosa, le
pareció que jamás había tomado algo más rico en su vida y que ese alimento era
lo mejor que existía.
Siempre había tenido en abundancia
todo lo que había deseado, hasta el momento en que el odio pudo más, y se
condenó así mismo a un castigo, pero teniendo las llaves del cerrojo, es fácil,
no así cuando es otro quien abre la puerta y nos persigna con su presencia.
Pero el paciente sabía que nadie más
que él mismo podía sanarse de tal enfermedad, y se lo propuso.
Hoy está curado, ahora bendice la
hora y el segundo, ya no reniega de la suerte, porque no hay mayor suerte que
un día más de vida con salud, el estómago lleno, y la vid brotando uvas, como
el cielo aguaceros.
Raquel Rueda Bohórquez
6 11 16
Publicado por Raquel Rueda Bohórquez
en 13:35

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