Él no tiene tiempo para temer,
sólo para amar.
Freddy, el bebé de mami.
¿A QUÉ LE TENGO MIEDO? (161)
Él no tiene tiempo para temer,
Sólo para amar.
/Freddy, el bebé de mami.
Antes le tenía miedo a la soledad,
pero ahora la quiero, porque puedo expresar todo lo que ella me dicta, y voy sacando
las rocas que tanto me pesaban.
Le tengo miedo a muchas cosas, a la
curva en el camino, al amigo infiel, a la traición, a la lengua de las mujeres
y a sus enaguas cortas...
Miedo a la cobardía del hombre que
inventa chismes, que supone y agranda para dañar a otros, a la sombra de un
cuchillo, a la huella de la sangre que escurre veredas y seca las ilusiones de
los niños.
Antes le tenía miedo a las noches, a
la oscuridad, /todavía sucede, a las pesadillas que me hacen despertar con la
boca sedienta a cierta hora de la noche; entonces los relojes frenaron porque
vivía cercada de temores...
Miedo al odio que no justifica la
acción, a ese taladrar de la mirada sin conocer la razón, a expresar que
detesto a otros cuando no puedo ni siquiera amarme a mí mismo.
Le tengo miedo a los políticos y a
sus trampas, a éste sistema cruel que nos envuelve en sus marañas, a la basura
que compramos y luego nos espanta.
Le temo al furor de la naturaleza en
todas sus manifestaciones, y a éste tiempo; a la gente que mata un árbol y daña
un animal, estas personas son de cuidado porque no aprecian los regalos de
Dios.
Antes le tenía miedo a la muerte,
ahora le tengo mucho respeto, porque sé que Dios hizo todo perfecto, que no
puedo atentar contra su regalo más dulce, pero le tengo miedo a la enfermedad.
¿Quién no le teme al dolor?
Aquí me doblo: ¡Señor!, ¿por qué el
dolor?, ¿qué justifica la enfermedad?, luego pienso que la enfermedad es
propiciada por el hombre y que nada tiene que ver Dios con ella.
Es a lo que más temo, a estar en
abandono y enferma; aquí me vuelvo girasol al atardecer, aquí ruego al Rey por
la salud, suplico para que las hierbas que sanan regresen, y los venenos que se
expanden para beneficio de quienes ocultan la cura, desaparezcan.
¡Qué broten los curanderos como las
flores en el campo!
¿En dónde están los sabios del
bosque?
Fueron castigados en la hoguera,
porque no era conveniente tanto saber, ahora todos estamos sometidos a ese
vicio invisible que viene disfrazado de muerte en el viento.
La enfermedad es la cura a toda
soberbia.
¿A qué le tienes miedo?
Raquel Rueda Bohórquez
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