Bonga
MI ÁRBOL/Bonga (190)
A la bonga que me adoptó
Y tomó como suyas mis melancolías.
Tengo un árbol a
quien abrazo
Y le cuento mis
pesares y alegrías.
Puedo hablar con él,
Mientras extiende sus
ramas.
Cada día engrosa más su
tronco,
Y entre sus raíces,
la mapaná se esconde
Pero a mí no me hace
daño.
Alguna vez le dije
que estaba muy triste,
Que no tenía con
quién hablar,
Que presentía que no
era tan amada,
Como creí algunas
veces
Y entonces Él me
respondió con su silencio,
Mientras se dejaba
abrazar.
A mi árbol le tengo
un pedido para navidad…
No lo haré público,
porque ha sido un pacto entre los dos.
Si triste deambulo
por los jagüeyes, Él solo me ve,
Deja que las aves
inventen un nido, y me regala semillas
Que parecen trocitos
de soles de madera
Para que arme un
collar.
Nadie lo sabía, pero
Él es mi árbol…
Alguna vez quise
sembrar otro igual,
Otras manos se
antojaron
Y murió sobre un
andén.
En silencio lo
busqué, estaba ahí otra vez.
Parecía un gigante
feliz
En la esquina de un
jagüey
Con mi nombre escrito
en su corazón,
Y me casé con Él.
No he querido tallar
tu nombre junto al mío…
Le he dicho que tengo
un amor secreto, y Él lo entiende.
Le confesé alguna vez
que tomara mis tristezas,
Y las convirtiera en
alegrías.
De a poco, en un
otoño indescifrable para mí,
Cayeron todas sus
hojas.
Desnuda me encontré
bajo una sombra de gajos
Buscando peces
inexistentes,
Y flores de loto bajo
la lluvia.
Hace unos días lo
visité;
Por alguna razón mis
heridas regresan.
Está gigante y
hermoso, más que ayer…
En un suplicar de
rodillas,
Donde creí que nadie
me descubriría;
De nuevo le entregué
un collar de lágrimas
Y la sal de mis ojos,
Lo hicieron de nuevo
florecer.
Raquel Rueda
Bohórquez
Barranquilla,
diciembre 14/13

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