Moja mi corazón con el tuyo
y déjame correr río abajo contigo.
ESOS LATIDOS (176)
Moja mi corazón con el tuyo
Y déjame correr río abajo contigo.
Hay latidos en la madre tierra,
Enojo en el viento; ¿y de ellas?,
¿Qué será de las aves y sus trinos
mañaneros?
Triste estoy si no te veo,
Si algún día al asomar a ésta ventana
No vuelvo a sentir tu poesía
Palpitando de amor,
En medio del ruido de los días,
Y el llanto del búho en la noche.
Esos latidos a corazón tuyo en el
mío,
Se cansan así las piernas
De sostener el peso de la existencia,
Sin embargo, no tienes de mí
clemencia.
Aquí todo es correr y pagar, pagar y
correr
¿Y para el descanso?
¿Será que toca esperar a ese momento
En que seremos eternidad?
Mi madre es la montaña de dos picos
Por donde mana leche blanca
Que hace reverdecer los potreros
Llenos de vacas y mulas pastando,
Pero se agota, tiene hambre y sed de
amor
Porque de tanto robar su dar,
Es que vivimos tan vacíos
Y besamos sin ardor.
Rocas ya no son el sostén de mi
madre,
La arena temblorosa se moja
Y la arcilla ocupa el lugar de la
luna roja.
Muchos lagos nacerán cada segundo,
Tienen la fiebre del hombre
Y su ambición derrota el poder de Dios.
¡Eso parece y me lo creo!
Él ya no salta por los rincones,
Ya no es la liebre afanosa ni el león
que ruge
En medio de lluvias torrenciales.
La lluvia ha dejado de mojar como es
debido,
Ahora tiene cárceles de plástico
Que se venden al mejor postor,
Como la tierra que cubría el paisaje,
Se volvió oro puro, y los ojos se
crecieron en su ambición.
¿Qué será del futuro?,
No veo un futuro cierto,
Sólo planicies y mucha lluvia;
¡Demasiada!, tanta, que al llover todo
Será un inmenso mar húmedo de
tristezas y agonías.
Estoy triste, todo me vuelve pálida…
¿Por qué razón la luna cambia y se
muerde?
Cada traje hace enloquecer lo
contento
Que me revuelca hacia las entrañas.
Mis gusanos están hambrientos de mí,
Y la muerte parece la flor más
silvestre,
La más perfumada y la más ansiada.
Pero luego pienso que siempre moriré
Y la luz toca otra vez a mi ventana,
Lleno la palidez que se presenta con
pequeñas letras,
Y el alma busca su nicho de plata
Donde canta un ave y seca mis lágrimas.
Esos latidos de mi madre,
Se fueron con lentitud
Río abajo entre el alud y la madera
seca
Con un ramo de rosas blancas
Adornando su cabeza.
Raquel Rueda Bohórquez
21 10 16

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