Recuerdos de mis bebés y Gian bajo la mesa
EL AVE Y LA HONDA (185)
Recuerdos de mis bebés y Gian bajo la mesa
La cuna del ave se ha vuelto ligera,
Ha de ser que la brisa tumbó sus
plumas
Y la caca verde de los pordioseros,
Desnudos saltan ante un pico lleno
Para luego dejar allí su chiquero.
Los vi nacer, primero asomó la
espada,
Pequeña y tímida, roja por dentro
Con esa desnudez que nos deja la
vida,
De frágil y pequeña flor.
Trabajó su libertad sin descanso
Y todo fueron alas y premios,
Pico llenos que rebosaban
Todo el paisaje cantado.
¡Amor!, ¡amor mío!...
Escuchaba el son de sus maracas,
Conocía el olor de ese corazón
inquieto
Que iba y venía con tal felicidad
Que en la suya hallé la mía.
Luego los vi crecerse,
Salían a ver la curiosidad de un mirlo,
Despejaban las hojas y todo fue luz;
Sol del mediodía que incitaba a
copiar
Ese raro sonido de campanas
Que salían del alma.
¡Ahí estaba!, siempre la veía,
Inició a bordar algo, /jamás frenaba…
Era una luna llena pariéndole pájaros
al monte
Y en el monte se cruzaba la honda
Con ocelos que brillaban en la
oscuridad.
¡Se fue!, pero ella continuaba cantando…
Fue tal su tristeza que un poema
resucitó
Con alas parecidas a las suyas,
Y el trino colmó de nuevo el espacio
vacío
De la niña herida que cayó bajo sus
pies,
Un día de mucha lluvia y poco sol.
Raquel Rueda Bohórquez
11 10 16

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