martes, 11 de octubre de 2016

EL AVE Y LA HONDA (185)

Recuerdos de mis bebés y Gian bajo la mesa

EL AVE Y LA HONDA (185)

Recuerdos de mis bebés y Gian bajo la mesa

La cuna del ave se ha vuelto ligera,
Ha de ser que la brisa tumbó sus plumas
Y la caca verde de los pordioseros,
Desnudos saltan ante un pico lleno
Para luego dejar allí su chiquero.

Los vi nacer, primero asomó la espada,
Pequeña y tímida, roja por dentro
Con esa desnudez que nos deja la vida,
De frágil y pequeña flor.

Trabajó su libertad sin descanso
Y todo fueron alas y premios,
Pico llenos que rebosaban
Todo el paisaje cantado.

¡Amor!, ¡amor mío!...
Escuchaba el son de sus maracas,
Conocía el olor de ese corazón inquieto
Que iba y venía con tal felicidad
Que en la suya hallé la mía.

Luego los vi crecerse,
Salían a ver la curiosidad de un mirlo,
Despejaban las hojas y todo fue luz;
Sol del mediodía que incitaba a copiar
Ese raro sonido de campanas
Que salían del alma.

¡Ahí estaba!, siempre la veía,
Inició a bordar algo, /jamás frenaba…
Era una luna llena pariéndole pájaros al monte
Y en el monte se cruzaba la honda
Con ocelos que brillaban en la oscuridad.

¡Se fue!, pero ella continuaba cantando…
Fue tal su tristeza que un poema resucitó
Con alas parecidas a las suyas,
Y el trino colmó de nuevo el espacio vacío
De la niña herida que cayó bajo sus pies,
Un día de mucha lluvia y poco sol.

Raquel Rueda Bohórquez

11 10 16

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