VISIÓN (172)
Todo cambiará, existe una renovación
tanto interna como externa; visualizo el mar o un lago, todo es azul, pero hay
cercas de piedra; rosas de muchos colores hacen alarde de su belleza, y las
aves multicolores tienen lugares para sus nidos.
Nacen arroyos, un manantial se crece
dentro de mí. Camino por ahí, te veo en el lugar de las melancolías con una
medio sonrisa; me apresuré a pensar que era fingida, pero nada podía ser más
cierto que el sol del mediodía.
Nos miramos sin hablar, ¡lo presentí
desde el primer momento!, pero la inquietud surge en medio de un palacio colmado
de vicios y cosas colgadas; de vidrieras llenas de asuntos de hombres. La
vanidad era el brillo más intenso que jamás pude ver, pero me hirió de frente,
escupió mi rostro y con tus manos limpiaste lo sucio que se veía en mí.
El castillo pinté con guijarros del
camino, tenían los colores de la primavera y las joyas que se fueron en manos
ajenas, retornaron en los colibríes que se acercaban sin timidez a buscar la
miel de las rosas.
Me colgué de ti como si fueras el
mejor árbol y te dejaste; decidí enredarme en tu brazo arqueado y vi que eras
feliz; nos fuimos yendo, caminando otro sendero con otra mirada y el paso más
ligero.
¿Qué puede ser más duro que la
indiferencia?, más en ésta visión tus manos siempre llegaban colmadas, tus ojos
pedían siempre los míos, y tu boca rogaba un beso en medio de un musitar de
versos.
Parecías pájaro libre en un arrozal y
corrí, ¡corrí cual demente!; reí de mis locuras y reímos al fin los dos.
La visión se cumplió, tus manos y las
mías fueron una, ¡ya nada dolía!, ni siquiera los malos recuerdos, y se tornó
blanco el cielo; los nubarrones despejaron el sol, y comprendí que fuiste tú
quien puso el hilo que faltaba a mi existencia, y con tu suspiro, enredaste la
espada de Cupido en su nombre y en el mío.
Raquel Rueda Bohórquez
22 10 16

No hay comentarios:
Publicar un comentario