sábado, 8 de octubre de 2016

ALAMBRES DE PÚA/Niños de Siria (189)

Niños de la sierra

ALAMBRES DE PÚA/Niños de Siria (189)

El agujero del hambre se abre cada día más,
Por ahí pasan las penas que suenan a tribulación,
A manos que buscan sin nada hallar.

Los niños corren tras unos brazos helados,
 La fortuna se va y los sueños se alejan despavoridos...

¿En qué lugar nos han sembrado?
¿Somos en verdad esas feas langostas de mi sueño?
Ahí me vi huyendo de todos y todos alejándose de mí,
Nadie tenía compasión y sólo se pensaba en sí mismo...

Inquietud y un café, para entonar con éste día,
Esperando buenas noticias, pero siguen los afanes.
Afuera hay desesperación,
Sonidos que no a todos llegan,
Ojos de niños y jóvenes que pierden su horizonte
Mientras entre todos hacemos negocio con la fe...

No hay cerco más tenaz que el de la indiferencia,
Sólo la puede traspasar el "Temor a Dios"...
Pero lo inventamos en números y miedos
Y su palacio somos nosotros, el amor nos bordea,
Nos acosa para redimirnos, pero vemos con la mente oscura
Y los ocelos cerrados.


¿Qué tal que mañana las tripas secas sean las tuyas?
¡Oh campanas de navidad que vienen pronto!:
¿Qué pascua tendrán los que huyen?
¿Qué puerta se abrirá y qué cerco se romperá?

Se amontonan después de cruzar el mar.
En sus miradas hay un brillo que vuelve a nacer,
Pero al llegar, los aguijones hieren la carne,
La sangre brota cual rosas en un jardín soñado
Y el amor se asesina con alevosía.

¡Tontos!, alguien nos ve, y no lo adivinamos.
No hemos pasado la prueba, ellos eran la tarea,
Pero imaginamos que estar de éste lado nos salvaría.

Más seremos juzgados no por lo que tenemos;
La tarea era ver qué tanto hacíamos con los dones
Y qué brazos acogeríamos en la ventisca de la vida.

Ahora una lluvia de voces circunda mi alameda.
Todos corremos porque la naturaleza reclama,
Y todos nos vamos con la corriente ligera.

Las hojas secas se amontonan y el río se las lleva.
Buscan un foso bajo tierra, para escampar sus heridas
Que serán santificadas por ella,
Por toda la sombra que nos dieron y todos los gajos llenos
Que soportaron las primaveras y sus frutos,
Junto a las aves de paso y sus trinos pendencieros.

¡Dueños de nada!, ¿por qué razón han dividido la tierra?
¿Imaginas que te hemos heredado todo?
Ni siquiera ese suspiro final te pertenece,
Nada es tuyo, porque nada eres.

Y entre la borrasca fuerte de octubre
Un agitarse del cielo en medio de centellas
Anuncia que el hambre del mundo es de amor,
Pero aunque Él nos florece hacia adentro,
Ni siquiera sentimos el perfume que brota de otros
Porque estamos henchidos de orgullo y soberbia.

Perdemos la oportunidad de pasar,
De cruzar el cerco de púas que nos fabricamos
Imaginando atajar a otros
Que ya poseen la libertad del águila,
¡Una libertad ganada con dolor!

Raquel Rueda Bohórquez
8 10 16
DA 1201681432

Autorizado Antología a Niños de Siria

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