Sábado, 24 de septiembre de 2016
¿Por qué este título Azul...? No
conocía aún la frase huguesca "L'Art c'estl'azur"... ”más el azul era
para mí el color del ensueño, el color del arte, un color helénico y homérico,
color oceánico y firmamental... …Concentré en ese color célico la floración
espiritual de mi primavera artística...
(Rubén Darío, La Nación, Buenos
Aires, 1913).
PIEDRAS DE MI AZUL/A
Rubén Darío (191)
Mi primavera es una hija con su
rostro feliz.
Todo es azul cuando Dios está
conmigo,
Y es siempre.
Arranqué a un lirio ese azul
profundo, el que lo cultivó en una herida de mi madre, con un loco que
pisoteaba cada roca, junto a sus aves grises, en medio de un cantar de
tórtolas, porque de azul se vistió el infinito, el mar, y los sueños de un
poeta.
No fue rojo un rubí; debió pasar por
aguas temblorosas en cada hoja y rama de un camino, llovido entonces desde
venas curtidas, de ojos negros que corrían como desbandadas de pájaros, y fue
ahí donde nació una joya, ladera abajo, entre mis piernas, blanqueando mi boca
junto a mi azul lengua, que irrumpió en la tuya cual turba loca de elegías y
poemas.
Vi el mar, no había aguamarinas aguas,
se tornó el mundo de un color, porque Dios tenía ese traje, era su vestido
favorito donde no había confusión al verle, pues se retrataba en el lago
cristalino de mis ojos.
Pasaron todos los poetas de mi
tiempo, la vieja Idiosincrasia, el huevón de los zapatos viejos, el Kico de una
moto Auteco que jamás prendió; pasó mi padre cojeando penas y aliviando
tormentas con sus carcajadas, el viejo Isaías, un loco pervertido que le robó a
la vida cada verso y cada esperanza de un camino desértico, y se fue tan solitario
en una bolsa negra, donde cabían todos sus escritos y sus lágrimas.
¿Qué hay de nuestra vida?, ¡poetas
famosos!, todos duermen como el viejito de los zapatos rotos que compuso un
verso, pero otro se lo llevó y se ganó la gloria con sus letras.
¿Qué importancia tiene un verso más
que otro?, la viejita de las matas caminaba con sus poemas y sus dedos
llagados, adornados con oxidadas latas, y en su cabellera, enredada una
clavellina recién cortada; pero su nombre nadie escuchó, ni siquiera cuando todas
sus plantas fueron primavera, y
regresaban esquina por esquina, con los pies llagados y la barriga vacía, ladera por ladera con las mismas plantas
sembradas en bacinillas viejas, con olor a las miserias que todos sembraron, al
no apoyar su labor de hambres curtidas y viejas.
¡Pobres viejecitas!, /decía mi madre,
¡suben y bajan!, cada día de fiesta con la cara triste y las esperanzas rotas,
regresan al rincón de los orines y al palacio de las penas.
Mis letras son pequeñas, ¿qué tan
grande puede ser la voz de un gorrión?, pero es inmensa la copa del árbol que
resguarda entre sus hojas ocres, unos poemas que se le parecen, y que fabrican
en su corazón, picos abiertos y colores llenos de esperanzas, que tiemblan de
amor, cuando ven a una madre con el regalo de vida entre su pico lleno y su
llamado dulce, cual miel derritiéndose en la boca.
Entonces todo florece en el árbol, todo es
canto de ruiseñor, y el mirlo enamorado abre sus alas si llueven rocas pálidas
desde el cielo, para iniciar a temblar sobre cada flor.
Raquel Rueda Bohórquez
Barranquilla, septiembre 19/15
No hay comentarios:
Publicar un comentario