
UN NIÑO LLAMADO JESÚS (121)
"Y el Cordero se hizo carne y
habitó entre nosotros"
Vi a Jesús en el llano,
En la sombra del sol
Y en la cumbre de la montaña.
Cada año lo resucitamos,
Pero cada segundo lo matamos
Con nuestra ambición y maldad.
Jesús nacía de la boca del cordero
Y el borrego se arrodilló ante un
temblor;
Lloró como un niño en el matadero
Con los ojos abiertos
Y el corazón palpitando de terror.
La espada sonaba en los aires
En tanto Él refrescaba con su amor,
Hacía bailar y cantar a las hojas;
Llovía desde el cielo sus encantos
Y ordenaba una y otra vez florecer la
primavera.
¿En dónde estás?
¿En qué puerto te hallo?
Extendí las manos y acaricié tal
sombra
Entre el pasto seco, pegada su boca a
la madre,
Después, con el rostro elevado
Y las rodillas dobladas, vi cuán
grande eras,
Para adivinar así, mi propia
pequeñez.
Si buscamos al niño Dios
Hemos de saber que Él nace entre
copos de algodón;
Con las perlas de las aves,
En medio del manantial y el
riachuelo;
Junto al bosque virgen y al aroma de
las flores.
Jesús es grande, es paisaje y amor
Y nos bordea, nos cerca,
Cual a un árbol la más bella
enredadera.
Lo veo entre los esmeraldinos valles,
Levanto el rostro y lo siento, cálido
y amable.
En cada lágrima que sabe a mar
Ahí tropiezo con Él y siento su
abrazo
Entre la brisa al pasar.
Raquel Rueda Bohórquez
Colombia 20 12 16
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