ÁFRICA (132)
Floreciendo por ahí,
Donde no debe ser.
Se templó el sol y los tigres
acechan...
La serpiente se desliza con dulzura
Hacia el movimiento cercano.
Ulula el viento pesaroso
Pidiendo permiso al bostezo
Y se abre paso con garras afiladas
Y el corazón temblando.
¿En dónde estás?...
Luego de un gruñido
Llegan los sonidos a pasto seco,
A leña que se quiebra en mis propios
huesos.
Soy ahora parte de un paisaje,
Soy el trino de miles de aves
Sobre los secos gajos,
Y el ciclo se repite una y otra vez.
La vida viene y va,
Y en su cortejo,
Los elefantes levantan la trompa
Y se besan.
De África recuerdo a mi madre negra,
Sus pezones con olor a tierra
Y sus ojos que iluminaban mis noches
Donde no había cadenas,
Sólo era el mundo una explanada
Por donde podía correr y volar.
Cierro los ojos y me recuerdo alta,
Parezco la jirafa con pintas en su
pijama;
Luego soy la gacela que huye
De las garras finas de un león.
Me bebo la vida en un manantial...
Acaba de llover y todo es verde;
La vida resucita y el bosque grita,
La muerte no existe, todo es vida,
Todo es algarabía entre los gajos;
Y sobre la tierra morena,
Serpientes parecen espejos
Donde el sol se baña.
Ahora soy el grito de miles de genes,
Pero los de mi madre primera,
sobresalen;
Se fundaron en la carne y son las
pecas que lloran.
Su color está ahí, en mi mundo raro,
Y las cadenas continúan apresando,
Los gemidos nos cansan y regresamos
Una vez y otra y otra,
Al cansancio de la falta de libertad,
¡A las cadenas disimuladas!…
Los huesos de los elefantes nadie los
recuerda
Porque la matriarca ya no está,
Se ha ido al bosque de la ignominia
A recordar que alguna vez en África,
La vida fue el árbol más frondoso
Y las nubes, son bandadas de queleas.
Raquel Rueda Bohórquez
12 11 16
No hay comentarios:
Publicar un comentario