EL GRILLO Y LA LUCIÉRNAGA (133)
Cierto día, le dijo el grillo a la
luciérnaga:
¡Oye luciérnaga fea!, ¿cuál es tu
gracia?...
-La luciérnaga no respondió nada,
Sólo encendía y apagaba...
-¡Responde luciérnaga tonta!,
¿Cuál es tu oficio en la vida?
¿De qué sirves en realidad?
-La luciérnaga continuó muda;
Encendía, apagaba...
El grillo no paraba de chillar,
De comer y comer,
De reclamar y reclamar,
Pero la luciérnaga ni se inmutaba.
Luego ella desapareció,
Y el grillo no pudo hallarla entre
tal oscuridad.
¡Eh luciérnaga!, ¿en dónde estás?,
¿Te has escondido de mí para no
responder?...
Después de un rato,
La luz intermitente volvió a su
lugar,
Pero ya no estaba sola,
Alguien cubría su cuerpo
Y sus alas fueron el regocijo de su espera.
El grillo continuaba su necedad
Sin comprender que la luz de la
luciérnaga
Iluminaba su propia ceguera,
Pero que también su luz atraía el
amor,
Y el bosque se llenaría de sonido de
alas
Y otras luces que multiplicarían la
propia.
Raquel Rueda Bohórquez
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