domingo, 13 de noviembre de 2016

GENTIL (156)


GENTIL (156)

Eres el más gentil de los astros,
Pasas por mi casa pequeña
Y me regalas el don de tu luz
Que se plasma en el espejo de la vida.

Vi a un ave colaborando a otra,
Su favor fue recompensado con un beso
Y trepó a la montaña el canario
Para luego parir ella, versitos alegres.

Gentil el mar y sus espumas
Que se elevan y bajan con su marea
Sin lastimar a la roca ni al ermitaño,
Que se pasean por su vereda.

Tu boca ardiente en la mía:
¡Qué sutil gentileza!
Me lleva al cielo en un instante
Para tornar otra vez a tu pecho
Con total delicadeza.

Y entre tanta bondad
El árbol en la escuadra de mi casa
Que aparte de su aroma a hombre
Dona de su amor sin lástima.

Me abrazo cual enredadera de su talle
Y surco despacio la rama más empinada,
Para buscar entre todo lo dulce,
La mirada en cruz de mi amante.

Raquel Rueda Bohórquez

13 11 16

sábado, 12 de noviembre de 2016

ADMIRO (157)



ADMIRO (157)

Un día de inquietud el cielo me reflejó tu amor.

Admiro la estación de las primaveras,
Pero más, la de las perlas de sal,
Porque ellas limpian nuestro mar
Y nos refleja estrellas en los ojos.

Admiro el pico de las aves tiernas;
Parecen florecitas del campo
De variados tonos.

Su garganta prepara la flauta
Que sonará luego
Con tintes a madre y padre
Entre juncos y viñedos.

Admiro la lluvia de improviso,
El torrencial sonido de sus gotas
Que pronuncian versos al amor
Que nadie nota.

Admiro el poder de la palabra,
La estación del sol en la guirnalda;
Y ante todo, el ruido del viento
Al besar y sacudir un gajo.

El amor de una madre
Solícito, sin igual,
Pareciendo entre los jardines
La más perfecta flor del rosal.

Y después de lo demás,
Admiro el paisaje del segundo,
Lo cambiante de las nubes;
Lo brillante del espejo de agua
Que se roba el espectáculo
Y nos sacude.

Raquel Rueda Bohórquez

12 11 16

domingo, 6 de noviembre de 2016

AL CHICO DEL BUS (158)

AL CHICO DEL BUS (158)

Llueve y cierro los ojos…
A pesar de ello veo tu luz
Que se refleja en el miedo
Y se profundiza en el azul del mar.

Soy luciérnaga en quietud
Y emano de tu resplandor
Que brota dentro de mí,
Para que llegue el amante fiel
Y se quede volando
En medio de juncos y flores,
Multiplicando espejos en el lago
Cual estrellas en el cielo.

Llueve y te pienso una y otra vez
Porque al llegar la noche,
El miedo se esconde en alacenas
Y los espantos salen disfrazados de buenos
A violar chicas en los buses urbanos.

Soy el pájaro azul que surca el cielo
Y dicen que los azules somos perversos.

Soy el ángel que empujó al depredador,
Pero su disparo tocó mi corazón.

Llueve a cántaros... todo es carmesí…
La carne mía fue negra y negros tus ojos.
Se quedaron estáticos viendo a una niña asustada
Que no pudo salvar su pellejo.

Soy el chico que pasaba por ahí,
Luego, después de todo: ¡Gracias niña!,
Porque estabas en el segundo del afán
Y gracias a ti, no estoy en el lugar de la inmundicia.

Vuelo hacia la distancia sin fin
Que me acerca otra vez al valle perdido
Que fabrica mi vida de nuevo
En otro paraíso sin hombres.

Raquel Rueda Bohórquez

6 11 16

ENFERMO DE ODIO (159)

La cabrita parió un cabrito 
que la mula le mató.

Balaba y balaba la cabrita
hasta que hace poco, 
parió dos. 

Y al fin la tristeza 
en júbilo se transformó. 


ENFERMO DE ODIO (159)

El diagnóstico que le dieron fue:
“Sufre de mal de rabia y odio...”

Tratamiento:
Encierro por 5 días, sin pan ni agua.

Luego del primer día se escuchaba: ¡Grrrrrr malditos! ¡Malditos, los odio! ¡Por culpa de todos ustedes es que estoy en la inmunda!..

Así, día a día con las palabras al revés y la vena torcida, el odio se fue doblando poco a poco, no hubo necesidad de tercer día, porque cuando las tripas iniciaron por ajustar el pantalón, el enfermo ya estaba de rodillas:

¡Perdón!, ¡perdóname Señor por todos mis pecados!

Prometo que no volveré a odiar a nadie en el mundo, ¡tengo hambre! ¡Tengo sed!, tengo miedo…

Alguien tocó a la puerta y abrió el cerrojo impuesto, ¿seré yo mismo quien abro?, ya no sé ni en donde estoy, el hambre nos vuelve ciegos, sordos, mudos; la sed es lo peor, tener tanto para beber y desperdiciar el vino que se ofrece desde la vid.

En vez de vinagre en su boca, la persona enferma de odio recibió agua pura recién salida del manantial, y un pez gordo adornaba el plato, el arroz blanco era un manjar.

Se abalanzó sobre cada cosa, le pareció que jamás había tomado algo más rico en su vida y que ese alimento era lo mejor que existía.
Siempre había tenido en abundancia todo lo que había deseado, hasta el momento en que el odio pudo más, y se condenó así mismo a un castigo, pero teniendo las llaves del cerrojo, es fácil, no así cuando es otro quien abre la puerta y nos persigna con su presencia.

Pero el paciente sabía que nadie más que él mismo podía sanarse de tal enfermedad, y se lo propuso.

Hoy está curado, ahora bendice la hora y el segundo, ya no reniega de la suerte, porque no hay mayor suerte que un día más de vida con salud, el estómago lleno, y la vid brotando uvas, como el cielo aguaceros.

Raquel Rueda Bohórquez 
6 11 16
Publicado por Raquel Rueda Bohórquez en 13:35




EL ERMITAÑO Y YO (160)

El ermitaño halló en el cielo su casa grande.


EL ERMITAÑO Y YO (160)

El ermitaño halló en el cielo su casa grande.

Al fondo todo es azul, combina a la perfección con el dorado de la playa y el horizonte que duerme al final, pero ese final es otra línea y otra, y otra...

Con cada línea del horizonte formó una gran libreta, jamás terminó, sólo si se apaga la vida, ¿pero cuándo se apagará la vida si ella es el motivo?

Se escucha el murmullo de las olas, el cantar de las aves, el silencioso danzar de los peces que no saben de pecado; todo se escucha en el silencio, hasta el silencio grita su voz y su voz tiene matices divinos.

Ahí estaba mi Yo ermitaño, tímido y avergonzado de tanto dolor que veía desde su casa, que no era suya realmente, era el regalo también mudo, de otra existencia que se fue en medio de una tenaza que no tenía oídos para escuchar sus gritos, ni tiempo para sentarse a morir de hambre, pues el hambre acusa y la mirada dispone.

Escuché al ermitaño, ¡se veía tan dulce!, pero esa dulzura también era causa de su fragilidad, y él lo sabía, por eso alargaba su vida con cada casa prestada en su camino.

Para iniciar, me mudaría de hogar, a una casa más amplia, que no esté llena de cosas, pero sí, donde haya más paisaje para ver... -dijo el ermitaño-

En tanto las olas en su vaivén, dejaron ante su mirada una casa perlada sin dueño; estaba vacía, y por dentro una joya parecía.

-¿Quién de tal manera la brillaría? ¡Debe haber sido el Mágico Constructor!, nadie de por aquí puede fabricar una obra así. ¿Esto qué es acaso? -gritó de nuevo, asombrado el ermitaño-

A decir verdad, su casa pequeña también era en préstamo, ya no cabía en ella, todo se había engrosado, hasta el alma, y en veloz carrera se abrió paso entre los escombros del mar, no hubo duda en sus pasos y acomodó su figura al palacio que se le donó.

Luego continuó la dulce melodía del mar, el divino silencio, en medio del ruido del mundo.

Raquel Rueda Bohórquez

6 11 16

viernes, 4 de noviembre de 2016

¿A QUÉ LE TENGO MIEDO? (161)

Él no tiene tiempo para temer,
sólo para amar.
Freddy, el bebé de mami. 

¿A QUÉ LE TENGO MIEDO? (161)

Él no tiene tiempo para temer,
Sólo para amar.

/Freddy, el bebé de mami.

Antes le tenía miedo a la soledad, pero ahora la quiero, porque puedo expresar todo lo que ella me dicta, y voy sacando las rocas que tanto me pesaban.

Le tengo miedo a muchas cosas, a la curva en el camino, al amigo infiel, a la traición, a la lengua de las mujeres y a sus enaguas cortas...

Miedo a la cobardía del hombre que inventa chismes, que supone y agranda para dañar a otros, a la sombra de un cuchillo, a la huella de la sangre que escurre veredas y seca las ilusiones de los niños.

Antes le tenía miedo a las noches, a la oscuridad, /todavía sucede, a las pesadillas que me hacen despertar con la boca sedienta a cierta hora de la noche; entonces los relojes frenaron porque vivía cercada de temores...

Miedo al odio que no justifica la acción, a ese taladrar de la mirada sin conocer la razón, a expresar que detesto a otros cuando no puedo ni siquiera amarme a mí mismo.

Le tengo miedo a los políticos y a sus trampas, a éste sistema cruel que nos envuelve en sus marañas, a la basura que compramos y luego nos espanta.

Le temo al furor de la naturaleza en todas sus manifestaciones, y a éste tiempo; a la gente que mata un árbol y daña un animal, estas personas son de cuidado porque no aprecian los regalos de Dios.

Antes le tenía miedo a la muerte, ahora le tengo mucho respeto, porque sé que Dios hizo todo perfecto, que no puedo atentar contra su regalo más dulce, pero le tengo miedo a la enfermedad.

¿Quién no le teme al dolor?

Aquí me doblo: ¡Señor!, ¿por qué el dolor?, ¿qué justifica la enfermedad?, luego pienso que la enfermedad es propiciada por el hombre y que nada tiene que ver Dios con ella.

Es a lo que más temo, a estar en abandono y enferma; aquí me vuelvo girasol al atardecer, aquí ruego al Rey por la salud, suplico para que las hierbas que sanan regresen, y los venenos que se expanden para beneficio de quienes ocultan la cura, desaparezcan.
¡Qué broten los curanderos como las flores en el campo!

¿En dónde están los sabios del bosque?

Fueron castigados en la hoguera, porque no era conveniente tanto saber, ahora todos estamos sometidos a ese vicio invisible que viene disfrazado de muerte en el viento.

La enfermedad es la cura a toda soberbia.

¿A qué le tienes miedo?


Raquel Rueda Bohórquez

4 11 16

jueves, 3 de noviembre de 2016

TODO ES MÍO (162)

TODO ES MÍO (162)

Todo lo que ven tus ojos es mío;
Lo que abarque tu mirada
Desde la elevada montaña.

Si para tenerte,
Puedo ser el dueño del aire,
Lo compraré para ti…

Si para que me ames,
Es necesario ser dueño del cielo,
Acabo de hacer negocio con Él
Y sus escrituras las guardo para ti,
Con firma y sello del Creador.

Todo lo que ven tus ojos,
A partir del nacimiento de un manantial;
El colgajo de flores del más alto árbol,
Me pertenecen por igual.

Si tú lo deseas,
 También tendré alas para volar;
Perseguiré una estrella,
Pues también son parte de un legado
Y puedes escoger la que más te agrade,
Para colocarla en una guirnalda
 Y adornar tus cabellos dorados.

Me importa tu amor,
Y por Él soy el amo del mundo,
Poseo tierras, soy el dueño del lago más grande que divises;
De los tesoros que se guardan en su interior,
Y por ser poseedor de una mirada de tus ojos
Seré navegante, pirata, poeta y cantor.

¡Si vieras mi amor!...
¿Quieres ser amante del hombre más rico?

¡No corras más!… detente y mírame…
Desnuda tu piel en la mía y sabrás de riquezas,
Porque todo lo demás que puedan alcanzar tus ojos,
Es tuyo, y por tu amor seré un rey de rodillas,
Entregado a éste gran sueño
De tenerte entre mis brazos.

Raquel Rueda Bohórquez

Barranquilla, diciembre 15/13