EL ÁRBOL VIEJO (10)
Me acogí a su dulzura,
A las hojas escritas
Y a las que brotaron luego.
El tallo añoso
Tenía una larga historia
De heridas que sanaron
Y de huellas que han quedado.
Es un sabio, ¡lo sé!...
Me protegió del sol inclemente
Y ocultó a un grillo saltarín
Que jugaba a ser valiente
Con una serpiente.
Al árbol viejo le debo lo que soy,
Un tanto de salvaje,
Otro poco de ruiseñor.
Y cada vez que su sombra es mi cobija,
Entre las heridas se intentan brotes
De niños que desean resucitarle
En un tronco vencido por el tiempo.
¿Qué fuera del paisaje sin él?
Es un señor con cara de mujer;
De ahí brotan ilusiones perfumadas
Y frutos silenciosos
Que se acobardan luego,
Y vuelven a caer.
Pero el árbol viejo
Me contó de las hojas secas
Y del viento que acecha
En medio de un vacío bosque
Sembrado de grises quejas.
Raquel Rueda Bohórquez
9 02 17
No hay comentarios:
Publicar un comentario